desde las oscuras manos del olvido


Por María del Carmen Muzzio
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Pocos conocen que tras el seudónimo, más específicamente acrónimo, de Elga Adman se ocultaba la pluma siempre inquieta de Magdalena Peñarredonda1. Desde New York adonde marchó en un autodestierro impuesto por las circunstancias, enviaba con cierta regularidad a su amigo “Julito”, Julián del Casal para nosotros, artículos, crónicas; en resumen, diferentes textos que podrían resultar interesantes a los lectores de La Habana Elegante.

Magdalena Peñarredonda Dolley (1846-1937), bastante olvidada en la actualidad, es más conocida como agente confidencial de Antonio Maceo y del 6to. Cuerpo de Ejército durante la Invasión a Occidente. Sin embargo, aparte de su contribución a la causa independentista, su vida posee una riqueza extraordinaria. Mujer culta, durante la República se dedicó a fustigar, desde un polémico periodismo, tanto los desmanes de sus bien conocidos antiguos generales convertidos en presidentes como el arribismo de los otrora autonomistas. Lo mismo abogó por el nombramiento de un arzobispo cubano a la partida de Santander, que por el voto femenino.

No obstante, es muy probable que sus inicios en el periodismo fueran a través del «A organizarnos» publicado en El Criollo en mayo de 1888. Este texto anónimo del que después valientemente reconoció su autoría, provocó su encausamiento en el Juzgado de Primera Instancia del Distrito Catedral, número 274, penalizada por la Ley Toro2 y con posibilidad de ir a prisión o pagar la fianza de 500 pesos oro. Desde el comienzo el texto muestra sus dotes para un periodismo controversial:

Con motivo de las cartas escritas por los míseros presos que hoy gimen en los calabozos de La Cabaña, escribe El País lo siguiente:
“Hay que organizar la resistencia resueltamente, con firmeza a riesgo de libertad y hasta de la vida si necesario fuera”. ¿Por qué no escribieron estas palabras cuando se dio el primer componte en tiempo del General Fajardo, de ese hombre de infausta recordación para todo cubano? ¿Por qué no nos organizamos entonces resueltamente para la defensa?

Más adelante cita frases de Manuel Sanguily junto a unos versos de Zenea. Considerado el artículo como «incitación a la rebelión» parte doña Magdalena a New York mientras su cuñado, el dentista Rafael Chaguaceda, la justifica aludiendo “problemas de salud”. A pesar de ello, las autoridades coloniales la declaran “en rebeldía”. Sólo el Real Indulto de la Corona un año después, en 1889, le permitiría regresar.

En cambio, la Llellena de la correspondencia familiar, quien ha abandonado casa y al esposo asturiano y comerciante, se siente muy bien en el frío país norteño, dedicada a las labores conspirativas. Conoce a Martí quien le dedica un ejemplar de sus Versos Sencillos con la siguiente dedicatoria: “A la Sra. Magdalena Peñarredonda, modelo de paciencia y patriotismo. Su amigo respetuoso, José Martí”. Poco se ha hallado de esa etapa suya en la emigración, en la que supuestamente también conocería a Maceo, por lo que sus textos enviados a “Julito” resultan de sumo interés.

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El 17 de noviembre La Habana Elegante publica el primero de sus artículos, “Push”, deliciosa crónica sobre la casa de huéspedes donde se alberga y también ofrece una visión de las costumbres norteamericanas:

Empujé la puerta de cristales y entré en el comedor. Una larga mesa ocupaba el centro y a los lados, contra las empapeladas paredes, se veían los aparadores conteniendo la loza y los cristales de servicio. Colgaban de los muros cuadros representando aves, peces, frutas y escenas de cacería. En el fondo del salón veíanse la puerta de la cocina y a un lado, sobre una repisa, una maceta con flores y dos jarros de loza representando dos loros, con unos ojos amarillo enormes.

Mi primer cuidado, después que tomé puesto, fue hacer un examen general de mis compañeros de hotel y observé que un gran número pertenecía a la raza latina.
(…) Entre los yankees es cosa desusada conversar durante las comidas, particularmente en las mesas de hotel, y hasta los extranjeros, influenciados por el medio social, siguen tan desagradable costumbre.

Ya en 1890 la colaboración periodística se vuelve más estable con seis textos. El primero, del mes de mayo, «Monomanías» de corte psicológico, materia de gran interés para la autora, a través del diálogo brinda un moderno enfoque sobre la pasión amorosa convertida en enfermedad. Lo más llamativo es que aparece el nombre de Aglaé como protagonista amorosa, cuando casualmente ese era el mismo nombre materno de la autora.

El 2 de noviembre publica «Las bodas de oro del obispo Laughling», detallado reportaje desde la celebración de la misa hasta el ágape ofrecido. La descripción del ropaje del sacerdote no deja de estar exenta de pinceladas modernistas:

El vestido del Obispo Laughling (…) era una verdadera maravilla de gusto y riqueza. Sobre la valiosísima tela se mezclaban exquisitos bordados y piedras preciosas (…).
Además ofrece una pequeña semblanza biográfica del obispo y las importantes obras realizadas en la diócesis:

El Obispo nació en Irlanda en 1817, y aquí en medio de este país protestante, él, sacerdote católico y extranjero, ha levantado su Iglesia, ha predicado sus doctrinas, ha fundado colegios e instituciones católicas, y al fin de su vida ve su obra, que es fecunda, germinar, y si ha podido llevarla a cabo no ha sido con la ayuda de los reyes, no con la ayuda de los aristócratas, no con la ayuda de los altos Poderes de la Iglesia sino por medio del sentimiento fraternal de la democracia y a la sombra de las libertades republicanas.

Más adelante especifica:

En la diócesis de Brooklyn 28000 niños reciben educación en 118 colegios, hay 20 asilos y hospitales; y esto en una población de 250000 habitantes, que es el número de católicos que allí existen.
Entre los meses de noviembre y diciembre publica dos artículos con el mismo título de “Recuerdos del verano”; el primero referido al pueblo Ocean Grove; y el segundo, a Sandy Hill y el lago Jorge. Nos describe a Ocean Grove como una población metodista y tranquila de acuerdo a sus costumbres, circundada por una tapia para evitar la venta de licores; y que los domingos impide la llegada de trenes, por lo cual los forasteros han de trasladarse en ómnibus hasta Arbury Park para acceder a la continuación del viaje en ferrocarril. Pueblo balneario, en los meses de julio y agosto se llena de tiendas de campaña a los que el costo del hospedaje en los hoteles les resulta muy caro.

En los segundos “Recuerdos…” refiere que “Tomando en New York el ferrocarril del Hudson se llega a Sandy Hill sin haber perdido un instante de vista el caudaloso río”. Explica que el poblado dista a 200 millas de New York, entre Saratoga y el Lago Jorge, y allí hizo alto en la finca de un caballero cubano “situada en uno de los puntos más hermosos del Lago” donde “plantamos nuestras tiendas”. Sin especificar quiénes eran sus acompañantes ni quién el dueño de la finca, ofrece de inmediato una descripción muy modernista, con huellas casalianas:

El Lago es como una inmensa lámina de finísimo nácar tornasolada de distintos colores. A veces como una superficie de bruñida plata, otras teñido de rosa o azul, en algunos lugares verdeoscuro por la profundidad del abismo y en ocasiones simulando maravillosos espejismo.

Sin embargo, tanta belleza los lleva al recuerdo nostálgico de la naturaleza cubana:

Por la mente de los cubanos allí reunidos vagaba también una imagen, pero enlutada y triste, llenos de lágrimas los ojos, extraviados por el sufrir, en jirones la túnica y el antes valioso manto y perseguida por fieras alimañas que arrancan sus vestidos y sus carnes!

El año 1891 lo inaugura con una serie de reportajes y crónicas tituladas “Desde New York” en las que, en algunas, ofrece más de una noticia. En la inaugural del mes de febrero narra una “storm” durante la cual los más perjudicados resultan los pobres, por lo que acota:

El telégrafo con indiferente concisión trasmite las noticias de estas miserias sociales, la prensa los reproduce, algunas las comentan y nadie vuelve a acordarse de los que sufren.

Y culmina esta parte del escrito:

(…) en tanto egoísta endiosado que con el estómago repleto ni ve ni se acuerda de las miserias de los otros, entonces casi nos sonreímos de la palabra Progreso!

En el mismo texto trata la explosión de una mina en Pensylvania que deja chiquita la novela Germinal de Zola; los adversarios de Cleveland quien es rechazado por haber sido sheriff de Buffalo y aplicar él mismo la pena de muerte; la llegada de Sara Bernhardt a América y la alegría de los ministros bautistas por su viaje a Cuba, que sintetiza en el siguiente párrafo:

La propaganda religiosa es un factor poderoso en la moralidad de los pueblos, siempre que no implique la idea de dominio y de autoritarismos egoístas y degradantes. Ya el 22 de febrero extiende sus noticias para relatar la actuación de Sara Bernhardt en La Tosca en el recién inaugurado Garden Theatre porque para ella los “teatros neoyorquinos más semejan iglesias protestantes”; luego pasa a describir el vestuario de la actriz con un traje imperio “de falla verde nilo con menudos bordados” y la califica por «la complejidad de sus aptitudes y la fuerza prodigiosa de su genio”. A pesar de ello, al final no deja de hacerse eco de chismografías reporteriles que apuntan el traslado de la intérprete del hotel Gilsey House al Hoffman House porque el primero no expendía licores después de la una de la madrugada.

En marzo de 1891 narra los funerales del general Sherman y las cartas polémicas entre las actrices Fanny Davenport y la Bernhardt por diferencias de actuación en la misma obra. La visita a la casa de Mme. Capiani, “la profesora de canto más notable de New York”, además de una simpática anécdota le lleva a la siguiente reflexión:

La vida del artista, ya sea de artista bohemio que vive al día o del artista que vive de sus rentas, siempre tiene más encantos que la vida monótona y un tanto prosaica de los otros mortales.

El 22 de marzo se publica su descripción de un grupo de plantas al visitar la Exposición Botánica con orquídeas, tulipanes y una palma real que le trae el recuerdo de su patria. Después se refiere a las publicaciones españolas y norteamericanas sobre la anexión a Cuba, por lo que concluye:

Y mientras en España la sangre hierve a la idea de perder a Cuba y los americanos sólo sienten no poder fumar nuestros tabacos a bajos precios, la “Hermosa adolorida” continúa siendo la víctima de un Gobierno obstinado e injusto.

Refiere la partida de la Bernhardt hacia Boston acompañada de “sus perros, sus serpientes y una niña que adoptó”. Termina este artículo al referir los curiosos funerales de un individuo que deseó lo incineraran, y lo arrojaran “sobre la islita donde se alza la Estatua de la Libertad” mientras sus amistades lo despedían con cantos y licores.

El último de ese año se publica en el mes de julio, titulado “Las tumbas” y muestra lo que sería una preocupación constante en Magdalena Peñarredonda: las cárceles. Al principio explica el título: “Así llama el pueblo de New York a la cárcel de la ciudad, y bien merece este nombre por su exterior lúgubre y sombrío”. La descripción de la cárcel norteamericana le sirve para, por contraste, reprochar las cubanas:

No existe aquí el repugnante hacinamiento de hombres que en la cárcel de la Habana, donde, si alguno de los desgraciados que allí encierran conserva restos de pudor o de honradez, pronto la pierde al contacto de aquella atmósfera pestilencial de vicios y crímenes.

Sobre la ejecución de la pena de muerte no deja de establecer igualmente comparaciones críticas:

No se permiten aquí sensiblerías morbosas ni se excita continuamente al desgraciado con la presencia de sacerdotes, médicos, reporteros y amigos. Aquí no se representa el lúgubre y grotesco sainete que en Cuba donde parece que todos se esfuerzan en que cada ejecución sea un divertimento público y un incitante para nuevos crímenes.

Al cambiar de nombre la revista al de La Habana Literaria envía desde Saratoga en 1892, también con su mismo seudónimo, “El presidente Harrison”:
Pero no hay hecho alguno que tanto enaltezca a la Humanidad como la guerra civil sostenida por el Norte para dar libertad a los esclavos. Es la Epopeya del derecho sellada y santificada con la sangre de Abraham Lincoln. Empresa sublime que fue levantar todo un pueblo no para defender la patria amenazada, no para defender el hogar y la familia, no para conquistar nuevas tierras, sino para hacer ciudadano y libre al pobre ser hasta entonces degradado, envilecido y explotado.

(…) No nos extenderemos hasta juzgar al actual Presidente como político y economista; pero permítasenos que rindamos un testimonio de admiración a su gran patriotismo sin declamaciones y que nos inclinemos ante el ciudadano honrado, que no ostenta blasones, pero que ha servido a su país en todas las situaciones de la vida, como humilde maestro en la escuela de una Iglesia Presbiteriana, como jurisconsulto, como soldado en los campos de batalla, y como Jefe de una gran nación.

Cualquier hecho, historia o figura sirve a doña Peñarredonda para comparar con su país natal. Sobre este escrito, según carta de Casal, Zayas –se refriere a Alfredo– quedó impactado con este y fue a verlo para solicitarle la dirección de Magdalena con la intención de escribirle. Si existió esa correspondencia específica aún no se ha hallado. La colaboración periodística se interrumpe con la muerte de Casal en 1893 en la casa de los Santos Lamadrid, Magdalena está presente y es la que corre en busca de un médico y con posterioridad se encargará de remitir los objetos y papelería de Casal a su hermana Carmela.

Poco tiempo después, Elga Adman quedaría atrás, y Magdalena Peñarredonda cruzaría la Trocha Mariel-Majan cargada entre sus ropas y portapliegos, con correspondencia secreta y medicamentos como La Delegada de Maceo en Vuelta Abajo.

Notas:
1 El texto forma parte del ensayo biográfico inédito Una cubana insurrecta: Magdalena Peñarredonda de la misma autora.
2 Ley española que prohibía a las mujeres la publicación de textos científicos o literarios si no estaban debidamente autorizados por el padre o el esposo.